Taller de cuentos SEXTO B: "Un viaje en el tiempo por la vía romana de la Plata"
SEMANA CULTURAL 2015
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Un siniestro industrial desata el plan de emergencia por riesgo químico en la comarca.
Un voraz incendio desatado a última hora de este martes en el término municipal de Vilamalla, en la comarca gerundense del Alt Empordà, calcinó de forma severa la estructura interna de una nave de productos químicos y obligó a interrumpir por completo la circulación en la carretera N-II. Las alarmas saltaron en torno a las 19:15 horas, momento en el que el Centro de Coordinación de Emergencias comenzó a recibir decenas de llamadas alertando de una densa columna de humo negro visible desde varios kilómetros de distancia. La rápida propagación de las llamas por la presencia de aerosoles y pinturas inflamables requirió el despliegue inmediato de 16 dotaciones de los Bomberos de la Generalitat, quienes centraron sus primeros esfuerzos en sofocar la virulencia del foco principal y evitar el colapso masivo de la nave afectada.
De acuerdo con el medio ignifugacionespromatec.es la proximidad directa del inmueble a la principal vía de comunicación de la zona obligó al Servicio Catalán de Tráfico a cortar la N-II en ambos sentidos a la altura del kilómetro 747, desviando el flujo vehicular por rutas alternativas para garantizar la seguridad de los automovilistas.
La magnitud de la combustión, agravada por el constante estallido de recipientes a presión en el interior de las instalaciones, llevó a Protección Civil a decretar el estado de prealerta del Plan especial de emergencias por riesgo químico (PROCICAT). De forma simultánea, el Ayuntamiento de Vilamalla activó la fase de alerta de su Plan de Actuación Municipal con la finalidad de coordinar la logística local y monitorear la calidad del aire en los núcleos urbanos adyacentes.
Ante la imposibilidad de realizar un ataque interior por el elevado riesgo de derrumbe y las altísimas temperaturas registradas en la estructura metálica, los mandos del operativo establecieron una línea de defensa puramente exterior. Los bomberos desplegaron vehículos escala y monitores de gran caudal para refrigerar los muros perimetrales y los elementos contiguos, logrando frenar la radiación térmica hacia las parcelas colindantes.
En la edificación de cubiertas y paramentos exteriores de naves dedicadas a la manipulación de sustancias inflamables, el tratamiento mediante la ignifugaciónde fachadas resulta determinante para elevar la resistencia al fuego de los materiales envolventes, aislando térmicamente los paramentos horizontales y verticales para evitar que una ignición severa progrese hacia los polígonos o carreteras adyacentes en cuestión de minutos.
El siniestro puso de manifiesto los complejos retos gestionales a los que se enfrentan los polígonos del Alt Empordà, donde coexisten infraestructuras logísticas e industrias manufactureras de alta densidad de carga de fuego. Durante las labores de extinción, los equipos de emergencia supervisaron de forma constante el comportamiento de la estructura portante, que soportó temperaturas superiores a los 800 grados centígrados.
En este tipo de recintos comerciales y almacenes, la labor especializada que realizan las empresas para laignifugación de naves industriales posibilita la aplicación de proyectados de mortero de lana de roca, vermiculita o pinturas intumescentes sobre la viguería de acero, garantizando la estabilidad mecánica mínima exigida por la normativa para que los efectivos de rescate puedan actuar con mayor seguridad en el perímetro.
El polígono industrial donde se ubica la parcela siniestrada, erigido a finales de los años noventa y situado a escasos 1,5 kilómetros del casco urbano de Vilamalla, alberga una superficie construida superior a los 2.500 metros cuadrados dedicados al almacenamiento logístico. Pese a la espectacularidad de las deflagraciones y el denso manto de humo que cubrió la zona durante horas, no se registraron heridos entre el personal de la planta ni entre los efectivos desplazados al lugar del suceso.
Los bomberos mantuvieron retenes de vigilancia durante toda la madrugada para refrescar los puntos calientes y estabilizar la zona calcinada. Los Mossos d'Esquadra han abierto una investigación técnica para esclarecer las causas exactas del inicio del fuego, mientras los peritos evalúan los daños materiales definitivos sufridos por la infraestructura.
Qué cambia realmente entre una señal Clase A y una Clase B.
Tienes que elegir la señalización de un edificio y aparecen dos opciones sobre la mesa: Clase A o Clase B. A simple vista, ambas pueden parecer prácticamente iguales. Sin embargo, cuando desaparece el alumbrado habitual, las diferencias técnicas empiezan a contar. La clasificación de las señales fotoluminiscentes determina su capacidad de luminancia y el tiempo durante el que pueden mantener unas condiciones determinadas de visibilidad.
La referencia técnica utilizada para esta clasificación es la UNE 23035-4:2003, que establece parámetros relacionados con la luminancia y la duración de las señales fotoluminiscentes. Por eso, elegir una u otra no debería reducirse a mirar únicamente el diseño, el tamaño o el precio del producto.
Si buscas una señal que mantenga un nivel elevado de luminancia durante un periodo prolongado, la Clase A es la categoría que presenta mayores prestaciones fotoluminiscentes. Según los parámetros recogidos en la documentación de referencia, estas señales alcanzan una luminancia inicial superior a 210 mcd/m² y pueden mantener su emisión luminosa durante periodos de hasta 720 minutos.
Traducido a lenguaje sencillo: la señal puede seguir siendo visible durante muchas horas después de haber recibido la carga luminosa correspondiente. Esta característica resulta especialmente relevante en edificios con recorridos extensos, varias plantas, zonas de pública concurrencia o espacios industriales.
Además, las señales Clase A presentan una mayor capacidad fotoluminiscente. Esto permite que alcancen sus niveles de funcionamiento con unas condiciones de carga determinadas y mantengan durante más tiempo sus prestaciones luminosas.
Aquí la decisión empieza a ser bastante más fácil. Si tienes un edificio con varias plantas, recorridos largos o numerosos cambios de dirección, las prestaciones de la Clase A adquieren especial interés.
También pueden encontrarse en espacios como centros comerciales, hospitales, residencias, hoteles, edificios públicos y determinadas instalaciones industriales. En estos lugares, la señalización puede formar parte de recorridos más amplios y con diferentes puntos de decisión.
Si además existen zonas con maquinaria, grandes superficies o condiciones ambientales exigentes, las características de una señal Clase A pueden resultar especialmente adecuadas para mantener una identificación visual prolongada.
La Clase B parte de unos valores fotoluminiscentes inferiores a los de la Clase A. En la documentación de referencia aportada, se sitúa la luminancia inicial mínima en 45 mcd/m², mientras que la duración indicada alcanza hasta 180 minutos.
La diferencia es considerable, sobre todo cuando se comparan ambas categorías desde el punto de vista de la duración luminosa. La Clase B está planteada para espacios donde las condiciones de iluminación y las características del recorrido permiten trabajar con unas exigencias diferentes.
Por eso, antes de colocar una señal Clase B simplemente porque resulta suficiente a primera vista, conviene comprobar las características concretas del espacio, el recorrido y las exigencias técnicas aplicables.
Si estás intentando elegir, te recomendamos consultar: ¿señales clase A o clase B? Guía técnica completa para elegir sin errores, una guía donde se menciona que es importante analizar las condiciones del espacio y comparar las prestaciones de cada categoría. La Clase A ofrece una luminancia inicial y una duración superiores, mientras que la Clase B presenta valores inferiores y puede encajar en espacios más sencillos y controlados. La elección debe guardar relación con las características reales del edificio y con las exigencias técnicas que correspondan a cada instalación.
Imagina dos espacios completamente distintos. En el primero tienes un pequeño local de planta baja, con un recorrido corto y una salida fácilmente identificable. En el segundo, un edificio de varias plantas con pasillos, escaleras y diferentes puntos de orientación.
No tendría demasiado sentido analizar ambos escenarios como si fueran idénticos. La complejidad del recorrido es uno de los factores que deben entrar en la valoración de la señalización.
En espacios sencillos, una señal Clase B puede responder a unas necesidades diferentes. En recorridos largos o complejos, la mayor capacidad luminosa de la Clase A adquiere mayor relevancia.
Hay otro elemento que no conviene pasar por alto: el alumbrado de emergencia. Las características de funcionamiento de las señales fotoluminiscentes están relacionadas con la iluminación que reciben para cargarse y con las condiciones posteriores en las que deben mantener su luminancia.
En el caso de la Clase B, la dependencia de unas condiciones adecuadas de alumbrado cobra especial importancia debido a sus prestaciones inferiores de luminancia y duración. La Clase A, por su parte, proporciona un margen superior de funcionamiento fotoluminiscente.
Por eso, cuando se estudia una instalación, no basta con preguntar qué señal queda mejor en la pared. Hay que mirar cómo funciona todo el conjunto.
La clasificación de las señales no funciona al margen de la normativa. La UNE 23035-4:2003 establece los parámetros técnicos utilizados para diferenciar las categorías fotoluminiscentes, mientras que otras disposiciones aplicables a los edificios y establecimientos determinan las condiciones que debe cumplir la señalización.
Entre las referencias que aparecen relacionadas con estas instalaciones se encuentra el Código Técnico de la Edificación, DB SI, especialmente en todo lo relativo a las condiciones de evacuación de los edificios.
En establecimientos industriales también debe tenerse presente el Reglamento de Seguridad Contra Incendios en los Establecimientos Industriales, aprobado mediante el Real Decreto 2267/2004. La exigencia concreta dependerá de las características y del uso de cada establecimiento.
Aquí hay una regla práctica bastante útil: no des por hecho que una señal sirve para cualquier lugar solo porque tenga el pictograma correcto. La categoría fotoluminiscente también importa.
Cuando llegan varios presupuestos, es tentador comparar únicamente el importe final. El problema es que dos señales visualmente parecidas pueden pertenecer a categorías diferentes y ofrecer prestaciones distintas.
Una Clase A incorpora unas características fotoluminiscentes superiores, mientras que una Clase B trabaja con valores inferiores. Por tanto, comparar precios sin comprobar previamente la clasificación puede llevar a comparar productos que técnicamente no son equivalentes.
También conviene revisar la documentación del producto, sus características fotoluminiscentes y la correspondencia con los requisitos aplicables a la instalación.
La tabla permite apreciar la diferencia fundamental sin necesidad de convertir la elección en un examen técnico. La Clase A ofrece valores superiores de luminancia y duración, mientras que la Clase B se sitúa en un nivel inferior de prestaciones.
Si tienes delante un plano con diferentes recorridos, no elijas todas las señales automáticamente por el mismo criterio. Examina la longitud de los trayectos, el número de plantas, los cambios de dirección, las características del edificio y las condiciones de iluminación.
También importa el uso del espacio. Un pequeño establecimiento con una configuración sencilla no plantea las mismas necesidades que una instalación industrial de grandes dimensiones o un edificio público con numerosos recorridos.
La elección de la categoría debe responder, por tanto, a las características concretas de cada instalación y a los requisitos técnicos que correspondan.
La diferencia entre Clase A y Clase B queda clara cuando se comparan sus prestaciones fotoluminiscentes. La primera ofrece mayores valores de luminancia y una duración superior, mientras que la segunda se sitúa en un nivel más limitado. Antes de instalar una señal, conviene comprobar la categoría, las condiciones del espacio y la normativa aplicable. Así, la decisión deja de depender de la apariencia del producto y pasa a basarse en sus características técnicas.